Pagos por accidentes: Si alguien se lastima en tu negocio o dañas propiedad ajena, el seguro paga las curaciones o reparaciones.
Abogados incluidos: Cubre honorarios, juicios y peritos. Básicamente, pone la cara legal por ti.
Fallas en tu producto o servicio: Te protege si lo que vendes sale mal o causa algún daño al cliente.
Daños al local y objetos: Si incendias el local que rentas o se daña algo que un cliente te dejó para cuidar, el seguro responde.
El «pase» para trabajar: Te da el certificado que te piden para entrar a plazas, ganar licitaciones o firmar contratos grandes.
Trabajos pesados: Cubre riesgos específicos como demoliciones, soldadura o daños por maquinaria y contratistas.
Dueños de negocios: Desde una tiendita hasta una oficina o fábrica (por ley y Protección Civil).
Empresas (Personas Morales): Que necesitan cumplir con reglamentos comerciales.
Contratistas y proveedores: Quienes necesitan el seguro para que los dejen trabajar en obras o instalaciones de terceros.
No tienes que sacar dinero de la caja para pagar una demanda; el seguro se encarga.
Los abogados pueden ser más caros que el propio daño; aquí ya vienen incluidos.
Evitas que una crisis de calidad o una demanda colectiva te quiebre.
Cumples con tus contratos de renta y dejas tranquilos a tu Arrendador.
Dejas de ser un «proveedor de riesgo» y puedes competir por los mejores contratos del mercado.
Es el seguro "comodín". Te cubre si le haces daño a alguien o a sus cosas mientras haces tu vida o manejas tu negocio. Básicamente, es para cuando metes la pata y toca pagar la factura.
Aquí entran los que tratan con clientes directos:
Son los "pesos pesados" para trabajos peligrosos:
Nos sentamos a platicar para entender qué te duele y armar un plan que realmente te cubra los riesgos.
Te pasamos el precio justo y nos mandas tus datos (INE, RFC, etc.) para llenar la solicitud.
Pagas tu póliza para que quede activa y, de ahí en adelante, nosotros nos encargamos de cualquier duda o reclamo.
No hay un costo fijo. El precio suele ir del 1% al 5% de la suma asegurada, dependiendo de qué tan grande sea tu empresa, a qué se dedique y qué tan riesgosa sea su operación.
Te respalda ante daños materiales o lesiones que le causes a otras personas. Además, paga tus gastos de defensa legal y las fianzas que te pida la autoridad.
Principalmente en dos situaciones: